Adrián tardó varios segundos en comprender lo que estaba viendo. Durante un instante, su mente simplemente se negó a aceptar la escena frente a él. No entendía cómo su madre había llegado hasta París, cómo había encontrado su suite ni por qué Fernanda estaba parada junto a su ella dentro de una habitación que jamás debieron abrir sin autorización.
Todo parecía fuera de lugar.
La expresión de Regina fue la primera en cambiar y el rostro de su madre pasó de la sorpresa a una indignación absoluta