Dentro del lujoso tocador de la mansión, el ambiente se volvió insoportablemente denso y con aroma a sexo.
El espacio, revestido de mármol veteado y grifería de oro, conservaba un frío sepulcral que contrastaba con el calor febril que emanaba de los cuerpos. El aire, saturado por el incienso fúnebre que se filtraba bajo la puerta y el perfume de nardos de las coronas cercanas, se sentía pesado, casi sólido, irrespirable para ella.
Olivia intentó empujar el pecho de Julian, pero el roce de la la