Una semana después.
Los nervios estaban a flor de piel.
Todo estaba listo para la boda de Abril y Amadeo, que sería al día siguiente. Las flores ya habían llegado, el vestido colgaba en su funda blanca como un sueño en pausa, y el salón estaba decorado con luces que parecían estrellas atrapadas en la tierra.
Pero esa noche no era la ceremonia.
Era la fiesta de solteros.
Y al mismo tiempo, a escasos kilómetros de ahí, Gregorio Villalpando contraía matrimonio con Jessica, la mujer que Abril jamás