—¿Quién es tu amante? ¿De qué hablas, Dora? —preguntó Amadeo, incrédulo, con un tono cargado de enojo y desconcierto.
La mujer lo miró apenas unos segundos, los labios temblorosos, como si quisiera confesar algo, pero su garganta se cerrara de golpe.
Entonces, sin más, su cuerpo se desplomó en un desmayo repentino, cayendo con pesadez sobre el suelo frío.
—¡Dora! —gritó Abril con un sobresalto, corriendo hacia ella, sus manos temblorosas sujetándola con desesperación—. ¡Amadeo, se ha desmayado!