Al día siguiente.
Abril llegó muy temprano a la oficina, antes de que el sol terminara de alzarse por completo sobre los ventanales del edificio.
Sus pasos eran firmes, pero sus manos... sus manos temblaban.
En el fondo, algo en su pecho palpitaba con una mezcla de ansiedad, tristeza, y una furia enterrada que apenas comenzaba a tomar forma.
Llevaba el contrato bajo el brazo, lo había revisado una y otra vez durante la noche.
No había dormido, no realmente.
Había estado demasiado concentrada en