Dora miró a Abril sin ocultar que la duda le atravesaba el rostro. El vértigo en su estómago se hacía presente con cada latido; sabía que estaba en una situación límite y que cualquier palabra le podía costar todo.
Intentó mantener la compostura, aunque su voz tembló un poco al hablar.
—¿De nuevo voy a ser la villana de esta historia, señora Dubois? —preguntó con rabia contenida—. No soy la culpable de todo. Su esposo eligió ser infiel conmigo.
Abril la observó con calma.
No había en su expresió