Mia soltó el arma con un temblor casi incontenible, dejando que cayera al suelo cerca del hombre que había estado amenazando.
Su respiración era agitada, entrecortada, y retrocedió unos pasos hasta acurrucarse en sí misma, formando un ovillo, intentando desaparecer ante la violencia que la rodeaba.
Su corazón latía con fuerza, cada golpe resonando en sus oídos como un tambor de guerra. Estaba aterrada, sus manos temblorosas se cubrieron el rostro mientras sus lágrimas empezaban a deslizarse, cal