Cuando Abril entró a su habitación, el ambiente estaba impregnado de un silencio pesado, como si las paredes mismas contuvieran una respiración suspendida.
Se deshizo del peso de la ropa, de los pensamientos que aún la atormentaban, y se sumergió en la ducha, dejando que el agua caliente aliviara sus músculos tensos.
Cada gota que caía sobre su piel parecía lavar la ansiedad acumulada, aunque no conseguía liberar su mente.
Tras unos minutos bajo el chorro de agua, salió, envolviéndose en la toal