Carol acababa de descubrir que en los momentos de desesperación era cuando se tomaban las peores decisiones. A pesar de que su madre ya estaba recuperándose de su operación, sentía la presión de conseguir el dinero como si aún estuviera en la cama de ese hospital. Pero seguía siendo de vital importancia pagar la deuda, aunque ya no era por su madre, era por ella y por su dignidad.
—¿Estás lista? —le preguntó su nuevo jefe, entregándole su uniforme de trabajo.
Sin más alternativa asintió, no m