Las manos de Carol no dejaban de sudar, mientras revivía la amenaza hecha por Julián. No solamente había admitido haberla espiado, sino que, aparentemente, había descubierto su relación clandestina con Gustavo.
Mientras observaba a su madre dormir, no dejaba de pensar en la decepción que sentiría si descubriera sus verdaderas andanzas. ¿Pero qué más podía hacer? No podía echarse para atrás. La deuda que había adquirido era demasiado grande y, ahora, para colmo de males, lo amaba. Amaba a Gusta