—¡Oiga, oiga! ¡Se está comportando como un salvaje! —forcejeó con el sujeto que la llevaba retenida en contra de su voluntad, pero sus palabras no iban dirigidas a él, iban dirigidas a la mente maestra detrás de todo esto.
Carol fue llevada a una habitación de la mansión Cooper, mientras Gustavo la seguía de cerca. La furia en la expresión del hombre no había mermado ni siquiera un poco desde que salieron del Maid Café, a pesar de que se había encargado de mostrar toda su magnificencia.
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