El hambre no es solo un deseo, es una orden absoluta.
Lía se despierta con un vacío en el estómago que ruge como una bestia enjaulada. Han pasado dos semanas desde la batalla contra la manada de Roca Negra, dos semanas en las que su cuerpo ha estado trabajando horas extra para recuperar el peso perdido durante el coma y alimentar al cachorro que crece a un ritmo vertiginoso.
—Más —dice Lía, empujando el plato de porcelana vacío hacia el borde de la mesa.
Magnar, que está sentado frente a ella o