— Sara, te caíste a propósito, ¿verdad?
Jamás pensé que Marta llegaría a esa tonta conclusión. Todavía me dolía muchísimo la cintura y seguro me saldría un moretón. Quería levantarme la blusa para mostrárselo.
Arriesgar mi vida por un hombre guapo, ¿qué tan tonta cree que soy?
Le lancé una mirada fulminante, pero no la interrumpí cuando siguió:
— ¿Qué se sintió que Sergio te abrazara? ¿Sus brazos son muy fuertes? ¿Y su pecho...?
— ¡Marta! —apresurada la corté— ¿Tienes algo decente en esa cabeza