—Señorita Moreno —dijo de repente Sergio.
Me volteé apresurada, pero no supe cuándo se había colocado detrás de mí, junto con Marta y el jefe de electricistas.
No sé si fue una ilusión, pero en ese instante sentí que Sergio tenía una expresión fría, lo que me hizo pensar que algo había salido mal. —Sergio, ¿ha encontrado algún problema?
—El problema ya se lo han encargado a los electricistas —dijo con frialdad.
Ansiosa, a punto de preguntar qué debía hacer, cuando escuché: —Hoy no ajustaremos la