Miré sus ojos negros y, por un momento, me sentí nerviosa. Desvié la mirada y seguí caminando:
— No es eso, solo no quiero que la gente se imagine cosas.
— ...Ah —su respuesta monosilábica, me dejó en ese momento sin saber qué pensar.
No pregunté más. Somos adultos, por lo tanto, deberíamos saber mantener los límites. Además, él no parecía ser de los que hablan de más.
Seguimos en un silencio, bastante incómodo. Finalmente, volví a romper el hielo:
— ¿Cuánto crees que tardarás en ajustar todas l