El eco de la batalla se ha disipado, pero la vibración de lo que compartimos en el campo de batalla (esa sincronía depredadora que nos define—)aún persiste en el aire como una estela de humo tras un incendio. Han pasado cuarenta y ocho horas desde que el Rey Demonio profanó nuestras tierras con su arrogancia y su pestilencia. Para el resto del reino, todo parece haber vuelto a la calma, y agradezco a los antiguos que los representantes de los otros clanes se hubieran marchado antes de que la sa