El calor es la primera sensación que me invade, una calidez densa que envuelve mi piel, un rastro que invita a la desidia. Mis párpados pesan, lastrados por el sueño profundo y el agotamiento de una noche que, aunque en mi memoria se siente difusa, dejó en mi cuerpo una estela de satisfacción absoluta. Cuando mis ojos se abren, apenas logran enfocar, pero la realidad se impone de golpe. Un jadeo involuntario escapa de mis labios, una nota musical de sorpresa que rompe el silencio casi sagrado d