La mansión Brown amaneció en un silencio extraño.
No era el silencio de la calma, sino el de un depredador que aguarda el siguiente movimiento.
Dante había pasado la noche en vela, caminando de un extremo a otro del despacho.
Cada cigarro que encendía marcaba una decisión.
Cada trago de whisky era una línea que borraba los límites entre la justicia y la venganza.
Ivana lo observaba desde la puerta, envuelta en una bata blanca.
—No puedes seguir sin dormir —susurró—.
—No dormiré hasta saber quié