La casa amaneció con el ruido de la rutina, los pasos del servicio realizando sus tareas diarias; pero en el ala privada nada era habitual. Ivana había pasado la madrugada en vela, repitiendo mentalmente cada imagen de la gala: la copa, la mano que la acercó, la caída, la cara de Dante cuando la sostuvo. Las sábanas todavía olían a perfume y a miedo.
Dante la encontró en la biblioteca, mirando un álbum viejo sin abrir. Se acercó con dos tazas de café humeante y dejó una en la mesa junto a ella