Luego de que el auto se perdiera en la distancia, Liliana caminó hasta la cómoda, apoyó sus manos sobre la superficie plana y mirándose al espejo, se confrontó a sí misma:
—Deja ya de pensar en Alessandro Fiorini. —dijo apretando con fuerza sus dientes.— Él es tu cuñado. —enfatizó con determinación.
Se acercó hasta su cama y se dejó caer sobre el colchón como si su cuerpo ya no pudiera sostener tanto peso.
Su mente no dejaba de darle vueltas al asunto mientras las advertencias de su amiga