87. Pov Niki
Las fiestas infantiles siempre tienen ese caos dulce que huele a globos, azúcar y crema batida. El cumpleaños del pequeño Steve no era la excepción. Sasha había decorado todo el jardín del salón con guirnaldas celestes y blancos, pelotas de colores, una mesa enorme llena de cupcakes y un castillo inflable que parecía demasiado grande para tantos bebés.
Anne se revolvía feliz en mis brazos, golpeando mi collar con sus manitos torpes mientras observaba todo con ojos brillantes. Me derretía verla así, tan despierta, tan curiosa, tan viva.
—¡Niki! —Sasha apareció con una bandeja de jugos—. Ven, siéntate con nosotras, vamos a hablar de cosas de mamás mientras los bebés destruyen las cosas.
Reí y la seguí a una de las mesas del fondo. Había un grupo de cuatro mamás conversando animadamente, todas con bebés de entre ocho meses y dos años. Me presenté, me ofrecieron jugo y enseguida estábamos hablando de horas de sueño, pañales, colegios, berrinches y todo lo que uno jamás piensa que va a deb