59. Pov Dan
El sonido del portón automático fue lo primero que escuché.
El auto de Niki entró despacio al garaje, y por un momento me quedé quieto en la cocina, con la espátula en la mano y el olor del pollo asándose todavía impregnando el aire. Eran casi las nueve. Había tardado más de lo habitual en volver del trabajo.
Anne dormía arriba, con un leve ronquido dulce que me tranquilizaba. La fiebre había cedido un poco, y aunque el cansancio se me notaba hasta en los huesos, había algo en esa paz momentán