44. Pov Dan
El primer rayo de sol se coló por la rendija de la persiana y me obligó a abrir los ojos. Tardé unos segundos en entender dónde estaba, y otros tantos en darme cuenta de que la cama estaba vacía. Me giré instintivamente hacia el lado donde debería estar ella, pero solo encontré la sábana arrugada y el hueco tibio que había dejado su cuerpo.
No supe en qué momento se había ido. Recordaba el calor de su piel, el peso de su respiración tranquila sobre mi pecho, y después… nada. Tal vez se levantó