Pov Dan
Después de firmar unos papeles, la ayudé a levantarse. Caminaba despacio, apoyada en mi brazo. Afuera, el aire nocturno tenía ese olor húmedo de tormenta contenida. La acomodé en el asiento del acompañante y ajusté la sillita de Anne detrás.
Durante los primeros minutos del viaje no dijo nada. Solo miraba por la ventana, la cabeza apoyada en el vidrio, los ojos enrojecidos.
—Tenemos que reforzar la seguridad de la casa —dije al fin.
Ella giró hacia mí, exasperada.
—Estás exagerando, Da