34. Pov Niki
El aire se volvía pesado, como si las paredes de la oficina se cerraran sobre mí. Fernández estaba frente a mí, su sombra alargándose contra el escritorio, el olor a su perfume mezclado con mi miedo.
—No seas así, Niki —decía su voz, grave, baja, mientras avanzaba un paso más.
Retrocedí, sentí el borde del mueble clavarse en mi espalda.
—Te dije que no —atiné a responder, pero el sonido se quebró.
Su mano se alzó, y el miedo me paralizó. El forcejeo fue torpe, desesperado, el ruido de mi re