33. Pov Dan
Un sonido me sacó del trance. Estaba en la cocina, revolviendo sin ganas el contenido de una sartén cuando escuché sus pasos. Ligeros, medidos. Los reconocería en cualquier lugar.
Giré apenas la cabeza. Nikita entró despacio, con el cabello húmedo algo desordenado y el rostro todavía tenso. Se notaba cansada, pero igual tenía esa luz que me desarmaba, esa mezcla entre control y vulnerabilidad que me hacía difícil pensar en otra cosa.
—Huele bien —murmuró, dejando la cartera sobre una silla.
—Sí