21. Pov Dan
Después de dejar que el ruido de la ciudad me tragara, no pude evitar repasar mentalmente la situación. Nikita no era mala con Anne; al contrario, era evidente que le importaba. Cada gesto, cada sonrisa, cada forma en que acariciaba la cabeza de la pequeña lo demostraba. Y sin embargo… yo era el tío, el que tenía derecho por sangre y por la ley. En el fondo, incluso si quería, podría dejar que ella visitara a la niña, pero mi ambición era clara: quería quedarme con la tenencia, quería tener el