11. Pov Niki
Dan no se apartó de mí hasta que el agua helada calmó un poco el ardor en mis dedos. Luego, sin decir palabra, me soltó despacio y fue directo al pequeño botiquín que había en la alacena sobre la heladera. Se movía con seguridad, como si llevara años entrando y saliendo de esa cocina, y eso me produjo una sensación extraña: parte alivio, parte… vulnerabilidad.
—A ver —dijo al volver, abriendo un tubo de crema—. Esto te va a ayudar.
Tomó mi mano entre las suyas y con una delicadeza que no me esp