La noche avanzaba y la conversación en la cafetería había adquirido un tono relajado hasta que Alina, repentinamente, decidió levantarse de su asiento.
—Bueno, ya me voy —anunció, incorporándose con un suspiro.
Antoine y Laura la miraron con extrañeza.
—Pero si él apenas acaba de llegar. ¿Por qué esa decisión tan repentina? —reclamó Laura con el ceño fruncido.
—Estoy agotada, pasé casi todo el día en la academia y necesito descansar. Tal vez nos podamos ver luego —se excusó, aunque en realidad