Alina se despertó al amanecer, el sol apenas se filtraba por las cortinas gruesas de su habitación. No pudo descansar. Los recuerdos y el rostro de ese hombre al atormentaban. A su lado, Viktor dormía profundamente, ajeno a la tormenta que rugía en su interior. Su cuerpo aún recordaba el acto de esa noche, el peso de lo que había hecho, la vida que había tomado y la forma en que todo había cambiado en una fracción de segundo.
Ella miró la pared frente a ella, el reflejo de su propia alma rota e