La mañana en Munich estaba fría, y el aire cortante parecía presagiar la tensión que se estaba gestando en el mundo de Viktor Koval. Tras lo sucedido con el hombre ruso, Viktor había decidido retomar las riendas de su imperio. No podía permitirse la debilidad. La organización que había construido, con sacrificios y sangre, no podía caer bajo la presión de unos cuantos traidores. A pesar del caos que se desataba en los rincones más oscuros de su mundo, Viktor volvía a ser el hombre calculador, i