MATÍAS ZANNIER
—Nunca pensé que la recatada y tímida señorita Valencia fuera tan candente… —dije colocándome entre sus muslos mientras sus manos se escabullían debajo de mis pantalones.
Esta mujer parecía saber con exactitud cada perversión que rondaba mi cabeza. Me seducía como si me conociera a la perfección y dominara mis puntos débiles.
—Nada es lo que parece… —contestó divertida al sentir mi dureza. A este paso esta mujer me iba a drenar—. Las «calladitas» a veces somos más divertidas en