GIANNA RICCI
Me levanté temprano y después de alimentar a Alma, me dispuse a cocinar. Mientras preparaba cada parte del desayuno, mi pequeña descansaba en una tinita a la que le había puesto una cobija afelpada, la cual acomodé en la parte menos peligrosa, alejada de la estufa y los cuchillos.
Tenía que aprender a equilibrar mis nuevos planes con la maternidad, aunque… ¿en realidad eran nuevos? Lo único que había cambiado era que a mi lista negra se había agregado un nuevo nombre.
—¡Buenos día