CHRISTIAN VALENCIA
Con un beso cargado de anhelo y mi corazón latiendo desesperado por saltar en las manos de Gianna, me esposaron y me llevaron de regreso, dejándome solo con la imagen de mi hermosa italiana destrozada por verme así.
Jamás había amado con tanta intensidad a una mujer. Se veía tan pequeña, dulce e inocente que deseaba con todas mis fuerzas protegerla incluso del aire que movía su cabello. Era sorprendente ver lo que provocaba el amor hasta en el ser más vil.
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