Las copas vacías, los platos aún sobre la mesa y la luz tenue de los candelabros creaban un ambiente de despedida. No hubo conflictos grandes, pero el aire aún estaba cargado con los pequeños roces que siempre parecían inevitables en los Moretti.
Valentina fue una de las últimas en quedarse. Antes de marcharse, se acercó a Luca en la entrada de la mansión.
—Luca.
Él, que estaba ajustándose el abrigo, la miró con curiosidad.
—¿Qué pasa?
Valentina suspiró y cruzó los brazos. Su tono no era de rec