La conversación en privado se disolvió en un silencio meditado, mientras el bullicio y las risas en la sala de juntas reanudaban su curso. Afuera, el sonido de los vítores y el murmullo de los periodistas se mezclaban con la seguridad de un proyecto que, a pesar de los desafíos, estaba tomando forma.
—Brindemos por el futuro de Vittoria —dijo Luca levantando una copa, y todos brindaron con la convicción de que, juntos, podían transformar el destino del club.
Poco después de que la reunión con la directiva terminara y cuando las luces del vestuario ya se habían apagado, Luca se retiró a una sala privada del club. Allí, en el ambiente sobrio de su despacho, esperaba aclarar lo que sentía. La tensión en su rostro era casi imperceptible, pero sus ojos delataban la tormenta interna que lo consumía.
Isabella, quien había participado en la reunión y luego se había retirado a sus propios asuntos, apareció en la puerta del despacho. Se había sentado en esa sala tras haber hablado con Astrid en