Así terminaba un gran día en Vittoria. Entre reuniones, celebraciones y tensiones, el club parecía tomar forma, tanto en la cancha como en la sala de juntas. Pero la noche aún guardaba sorpresas.
Poco después de la llamada, Adriano se quedó mirando por la ventana, dejando que la luz de la ciudad se mezclara con sus dudas. La oferta de Giovanni Rinaldi había calado hondo. Federico, con todo su potencial y entrega, era vital para el proyecto de Vittoria; sin embargo, la inyección de capital que Torino FC prometía podría aliviar las crecientes tensiones financieras.
No pasó mucho tiempo antes de que Luca llamara a una reunión de emergencia en una sala privada de la sede. La atmósfera era densa y el ambiente, apenas iluminado, reflejaba la gravedad de la decisión que debían tomar. Allí se encontraban Luca, Adriano y Massimo Bellucci, el entrenador, cuya experiencia y sentido del fútbol siempre habían sido un faro para el club.
Luca abrió la conversación con voz pausada y segura: —Chico