Caminó por los pasillos del complejo deportivo, disfrutando del aire fresco después de horas encerrado en reuniones. Por primera vez en el día, tenía un momento para sí mismo.
O al menos, eso pensó.
Justo cuando salía del edificio principal, una voz familiar lo llamó desde la distancia.
—Luca.
Se giró y vio a su primo Federico Moretti, todavía con la ropa de entrenamiento, el cabello húmedo y una botella de agua en la mano.
El joven se acercó con su energía habitual, esa mezcla de confianza y respeto que siempre lo había caracterizado.
—Saliste tarde hoy.
Luca sonrió con cansancio.
—¿Cuándo no?
Federico se detuvo a su lado y se apoyó en un pilar, estirando los músculos después de la sesión.
—Bellucci nos mató hoy —comentó, moviendo el cuello de un lado a otro—. No nos dejó salir hasta que todos hicieran los ejercicios de presión como él quería.
Luca soltó una leve carcajada.
—Bienvenido al fútbol profesional.
Federico sonrió de lado y luego lo miró con curiosidad.
—He visto cómo se mu