Se levantó con calma, tomó su chaqueta y salió de su departamento. No importaba lo tarde que fuera, no importaba que el día hubiera sido agotador.
Si había algo que tenía claro, era que la familia Moretti no podía permitirse una mancha más.
El camino hacia la mansión familiar fue silencioso, acompañado solo por el sonido del motor y sus propios pensamientos. No era la primera vez que Leonardo se metía en problemas, pero esta vez era diferente.
Esta vez, Luca no iba a quedarse de brazos cruzados.
Cuando llegó, las luces de la enorme propiedad seguían encendidas, iluminando la fachada con un brillo imponente. La mansión Moretti nunca dormía.
El ambiente dentro era todo lo contrario a la tranquilidad exterior.
Caos.
Apenas cruzó la puerta principal, pudo escuchar las voces elevadas desde el salón.
—¡No puedes tratarlo como un criminal, Alessandro! —la voz de Cecilia, su cuñada, resonaba por toda la casa—. ¡Es solo un error, un malentendido!
—¡No es un malentendido! —respondió su hermano