Bellucci estaba en el centro del vestuario, mirando a sus jugadores con la misma intensidad con la que analizaba los partidos.
—No quiero ver a nadie con la cabeza baja —dijo con firmeza—. Esto no es una derrota, es una lección.
Algunos jugadores asintieron, otros simplemente se quedaron en silencio.
Luca apoyó la espalda contra la pared y cruzó los brazos.
—No quiero escuchar excusas. Lazio es un equipo de Serie A y ustedes lo sabían. Pero si realmente queremos ascender, necesitamos acostumbrarnos a este nivel de exigencia.
Moussa Diallo, el nuevo delantero, se inclinó hacia adelante, con gotas de sudor resbalando por su rostro.
—Nos faltó comunicación en defensa. Sentí que estábamos descoordinados en algunos momentos.
Alessio Riva, el central recién fichado, levantó la cabeza.
—Nos tomó demasiado tiempo ajustarnos al ritmo del partido.
Federico Moretti, aún con la adrenalina del partido en el cuerpo, apretó los puños.
—Podemos hacerlo mejor. Sé que podemos.
Luca lo observ