Por otro lado luca e Isabella estaban en el restaurante, Cuando terminaron de almorzar, la conversación entre Luca e Isabella se había vuelto más ligera, pero con un trasfondo que ninguno de los dos se atrevía a reconocer del todo. La tensión estaba ahí, flotando entre las palabras, en las miradas que se sostenían un segundo más de lo necesario, en los pequeños silencios cargados de algo más que simple camaradería.
No fue planeado. No hubo promesas, ni pensamientos profundos, ni preguntas innecesarias.
Simplemente, cuando salieron del restaurante, Isabella le miró con esa media sonrisa que solo sacaba cuando tenía la intención de hacer algo sin pensarlo demasiado.
Y Luca entendió el mensaje.
En menos de diez minutos, ambos estaban en la suite de un hotel de lujo en el centro de la ciudad, con las luces tenues y el murmullo de la vida nocturna filtrándose por los ventanales.
No hablaron demasiado. No hacía falta.
Fue solo una explosión de deseo retenido demasiado tiempo, de cuerp