El aire en Consolidated Global Solutions se había espesado, como si las partículas de pánico de los últimos días hubieran cristalizado en las paredes de vidrio templado. Daniel Márquez observaba desde su ventana el horizonte madrileño, donde las nubes se amontonaban como presagios grises. Cuánto pesa el silencio, pensaba, cuánto pesa mentir cada segundo, cada respiración, cada latido.
Sus dedos —esos dedos que habían conocido la seda y el satén, que habían acariciado la piel de mujeres cuyos no