Agujeros negros. Dos días después y las palabras aún resuenan en mi cabeza como el eco de una sirena de ambulancia. Sofía tuvo que arrastrarme literalmente fuera del Club Noir, mis tacones haciendo rayas en el pavimento como si fuera un personaje de dibujos animados escapando de una explosión. "Menos mal que no dijiste 'hoyos negros'", me consoló mientras reíamos hasta llorar en el taxi. Como si eso hubiera hecho la diferencia.
El hangar privado de Consolidated Global Solutions se alzaba como u