El vestido colgaba del armario como un confesor silencioso. Seda escarlata que había absorbido el humo de cigarrillos franceses, el perfume de mujeres desconocidas, y el eco de risas que ahora sonaban huecas en la memoria de Lucía. Era más que una prenda; era la evidencia material de una transgresión que pulsaba en su pecho como un segundo corazón.
Libertad. Así se había sentido por primera vez en meses.
La noche anterior se desplegaba en su mente como un caleidoscopio de sensaciones. La música