La madrugada lo encontró despierto, otra vez. Daniel yacía en su cama, mirando el techo de su apartamento mientras la luna llena se filtraba por las cortinas de seda, bañando la habitación en una luz plateada que convertía todo en sombras y susurros.
Tres de la mañana. Otra vez.
Se levantó, sus pies descalzos silenciosos sobre el suelo de madera. Lucía dormía en su propio apartamento, a kilómetros de distancia, ajena a la guerra silenciosa que él libraba cada noche. El pasillo que conducía al b