Los chismes en Consolidated Global Solutions se movían como corrientes subterráneas, invisibles pero poderosas. En la máquina de café, en los baños, en los ascensores, el nombre de Daniel Márquez se susurraba junto al de Lucía Mendoza con una frecuencia que habría sido cómica si no fuera tan peligrosa.
Carmen Delgado, la jefa de contabilidad, había convertido el cotilleo en una forma de arte. Con sus sesenta años y su experiencia de tres décadas en la empresa, tenía la autoridad moral para hace