86.
CHRIS
Estoy recostado en la cama, con la espalda apoyada contra el respaldo de madera clara, observando a Sophie desde la distancia corta que nos separa. La habitación está inundada por una luz tibia que entra sin pedir permiso por los ventanales abiertos; el aire huele a sal, a flores dulces y a algo más que no sé nombrar, quizá paz. Ella está frente al espejo, de perfil, con una de mis camisas largas apenas abotonada. Sus manos descansan sobre su vientre, que ya no es una promesa sino una r