87.
SOPHIE
El coche avanza despacio por el camino bordeado de palmeras, y aun así siento que todo va demasiado rápido. Tengo las manos entrelazadas sobre el vientre, un gesto que ya se volvió automático, como si necesitara recordarme a cada segundo que el bebé está ahí, que es real, que no es solo una idea que podría desvanecerse. Respiro hondo, pero el aire no termina de llegar a mis pulmones. Estoy nerviosa. Ridículamente nerviosa.
Max va en el asiento de atrás, balanceando las piernas, incapaz