51.
ROGER
Amanece en Londres con una luz pálida que no calienta nada. El departamento sigue oliendo a polvo y a rabia seca. Camino entre los restos de la noche anterior con cuidado, como si cada pedazo de vidrio pudiera acusarme de algo. No recojo nada. No ordeno. Hoy no. Hoy hago otra cosa.
Abro el armario.
Las puertas se deslizan con un sonido suave que me resulta ofensivo por lo normal que es. Tomo la primera maleta y la dejo sobre la cama. El cierre suena demasiado fuerte en el silencio.