52.
SOPHIE
Es de madrugada cuando vuelvo a marcar su número por tercera vez. El teléfono ilumina la habitación con una luz fría que no alcanza a espantar el silencio. Afuera todo está quieto, demasiado quieto, como si la ciudad entera contuviera la respiración mientras yo espero una respuesta que no llega.
Roger no responde.
El llamado se corta y la pantalla vuelve a oscurecerse. Me quedo mirándola un segundo más, como si pudiera reprocharle algo al aparato, como si fuera su culpa y no la mía por s